A 38 años del crimen de Barbados: El hombre nuevo que Sí Pasó a Madrid


M.L. González
Rebelión



"Déspota,
mira aquí tu afán y tu impotencia, y luego
ese cadáver que venciste mira,
que murió con un himno en la garganta,
que entre tus brazos mutilado expira
y en medio de la gloria se levanta".


Versos de José Martí en la voz de Carlos Alberto Cremata, hijo de uno de los trabajadores de Cubana de Aviación asesinados en el sabotaje del avión C-455 el 6 de octubre de 1976

https://www.youtube.com/watch?v=wKVckNTmbXE

 
Sonríe tímidamente, contenido, breve. Observa discreto. Se le da bien hablar en público y, al hacerlo, transmite la misma determinación y firmeza que cuando simplemente camina.

Sólo la ternura logra cambiarlo todo y, entonces, es capaz de saltar casi de cualquier tribuna y atravesar un salón lleno de gente sólo para abrazar a un amigo y darle las gracias (*).

Fernando González Llort es "un cubano de allá, de la isla" (1), un revolucionario que, en el viejo Madrid al que llegó a mediados de septiembre, fue la imagen palpitante de la ausencia.

A Fernando le faltan 15 años de una vida suspendida a capricho, le faltan palabras que no escucha, caras que no están ya, pero, sobre todo, nombres. A Fernando le faltan tres de los cuatro nombres que completan el suyo propio, en una misma identidad; nombres que van pegados a él y que ahora duelen más porque ya no comparte su prisión, ni ellos pueden compartir su libertad.

Por eso Fernando habla de ellos todo el tiempo, en todos lados, en el almuerzo con mantel amarillo en La Tragantúa, o en la musical noche de la sala Moby Dyck. (2)

Sólo seis meses antes de este soleado septiembre, su único paisaje lo dibujaban los muros y rejas de una cárcel que en él resultaba tan ajena como la traición. Entró allí junto a René González, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández, cada uno de ellos Cuba, cada uno de ellos la historia de dignidad de su pueblo.

"No podía permitir que me ganaran la pelea" -dijo-, así que se entrenó física y mentalmente para ello. Leyó cartas, cartas venidas de todas partes del mundo, y aprendió   mucho de solidaridad : "se puede decir que soy un especialista en solidaridad, que Los Cinco lo somos porque la hemos recibido, a lo largo de todos estos años, de amigos por todo el planeta; amigos que, como ustedes aquí, han desarrollado esa solidaridad de forma militante, con sacrificio y entrega, convencidos del deber que tenían de luchar por la justicia" .

Entre los infames barrotes de la prisión, también profundizó en su procesamiento legal y el de sus compañeros: "no es que esperáramos algo distinto a lo que sucedió, siempre vimos nuestro arresto como parte de la historia de obcecada hostilidad de EEUU hacia Cuba, pero, durante el juicio, nos sorprendimos de lo bajo que podían caer; por ejemplo, no nos dejaron presentar pruebas de los ataques terroristas habidos contra Cuba a lo largo del tiempo".

En definitiva, afirmó, "lo que me propuse fue salir de la cárcel en mejores condiciones de las que tenía al entrar, devolverles al menos una parte del golpe" .

Nada era nuevo para él. Quizás jugaba pelota o hacía las tareas de la escuela a la misma hora que aquel 6 de octubre de sus 13 años dos bombas estallaron en el vuelo C-455 de Cubana de Aviación que proveniente de Barbados se dirigía a La Habana, la ciudad de Fernando.

Tras la primera explosión, Wilfredo Pérez, el piloto del avión, giró la nave para volver a tierra y, entonces, se activó el segundo artefacto. Consciente del alcance del daño y de que no le daría tiempo de llegar al aeropuerto de Seawell, el experto tripulante volvió a girar hacia el mar para que el aparato no impactara contra una playa, donde hubieran muerto muchas más personas inocentes que las 73 cuyas vidas fueron truncadas por un crimen que aún sigue impune. (3)

Fernando González, andando las calles empedradas de la vieja capital española, fue mucho más que él mismo, fue el recuerdo hiriente de las víctimas de Barbados, pero también fue Mirta, la madre de Antonio, quien sólo espera que la vida le dé tiempo para estar ahí cuando vuelva su hijo.

Fernando fue Lisbeth (hija de Ramón Labañino) y Gabriel (hijo de Antonio Guerrero), esos niños que, como antes Ivette (la hija pequeña de René González) han crecido teniendo a sus padres presos. Fernando fue Adriana, la esposa de Gerardo, que no ha podido mirarlo siquiera a los ojos en 16 años porque ni una sola vez EEUU le ha dado los papeles que necesita para poder visitarlo en la cárcel.

Fernando fue todos esos dramas humanos, toda esa impotencia, pero también fue el grito por la justicia, la lucha infatigable para que la solidaridad de tantos, en tantas partes del mundo, se concrete en el regreso de sus hermanos a Cuba, a esa patria que es de ellos y es nuestra...: "más temprano que tarde, con la ayuda de ustedes, Ramón, Tony y Gerardo, estarán con nosotros; no les quepa duda de eso, los vamos a traer de vuelta a casa".

Fernando González Llort nos mostró al "hombre nuevo" del que habló el Che, nos mostró cómo escucha, y hasta cómo baila, un revolucionario que aceptó la cárcel con lealtad a sus principios y a su pueblo, y lo hizo, además, por amor.

Por eso, creo, Madrid sí lo dejó pasar, igual que dejará pasar a Los Cinco, y celebrará con todos juntos y sus familias, tan heroicas como ellos mismos, una libertad que a miles en el mundo nos hará más libres y más decididos a vencer a la barbarie.

NOTAS

(1) Alegato de defensa de Fernando González Llort: http://www.granma.cu/granmad/miami5/enjuiciamiento/alegatos/alegato-fern...,  

(2) Fernando González Llort participa en emotivo concierto en Madrid: http://www.cubainformacion.tv/index.php/en-portada/58566-fernando-gonzal...,

(3) Crimen de Barbados: http://www.ecured.cu/index.php/Crimen_de_Barbados, 

¿Quienes son?

René González Fernando González Antonio Guerrero Ramón Labañino Gerardo Hernández

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