Misión Imposible

La Historia no contada de los Cinco

por Ricardo Alarcón de Quesada
30 de septiembre de 2009

Cuando la Corte Suprema decidió no escuchar la petición de los Cinco, los magistrados actuaron exactamente cómo se les solicitó a nombre del Presidente Obama, mostrando que en este tema, no ha habido ningún cambio, evidentemente ningún cambio en el que nosotros podamos creer.

El pasado 14 de junio la Corte Suprema simplemente se unió a las otras dos ramas del Gobierno en su hostilidad hacia el pueblo de Cuba, que durante los años 90 había tenido entre sus principales características su complicidad con la campaña terrorista que ha costado vidas, sufrimiento humano y daños materiales, y que Estados Unidos en lugar de evitar – como era su obligación –toleró y promovió.

Inmediatamente después del derrumbe de la Unión Soviética, Cuba entró en una extremadamente severa crisis económica, para nosotros peor que la Gran Depresión de 1929. Este fue precisamente el momento escogido por Estados Unidos para fortalecer su bloqueo económico como se reflejó en la Enmienda Torricelli (1992) y en la Ley Helms-Burton (1996). El trío – Torricelli, Helms y Burton – al responderle a aquellos que objetaban las ilegales legislaciones extraterritoriales les aseguraba a sus colegas que ese era el último año del Gobierno dirigido por Fidel Castro.

Otros hicieron dinero fácil en esos días publicando textos baratos, que anunciaban con fechas específicas el inevitable fin de la Revolución Cubana. Esto se convirtió en un indiscutible dogma para muchos académicos, políticos y periodistas y una fuente de aliento para aquellos que han buscado venganza de forma activa durante décadas.

Algunos, no satisfechos con lo que ellos percibían como insuficiente agresividad por parte de Washington, trataron de realizar un asalto final a la isla abandonada y aislada.

Paradójicamente, en septiembre de 1994 y mayo de 1995 Cuba y Estados Unidos tuvieron éxito en la negociación de nuevos acuerdos migratorios en un ejercicio de tranquila diplomacia privada que incluyó el compromiso de avanzar hacia el levantamiento del bloqueo y una promesa de frenar las acciones terroristas contra Cuba.

Fue entonces cuando el Sr. Basulto y sus seguidores multiplicaron sus incursiones aéreas. Él fue muy franco al explicar sus intenciones. La supuesta naturaleza “humanitaria” de sus vuelos previos – ayudar a los cubanos indocumentados a entrar a Estados Unidos – había desaparecido desde el 2 de mayo de 1995 con la nueva política norteamericana de enviarlos de regreso a la Isla. Desde ese día, como reconoció el Sr. Basulto, los vuelos continuarían y se multiplicarían con propósitos subversivos. Casi a diario estaba en los medios anunciando la próxima provocación y proclamando que Cuba estaba tan debilitada por la crisis económica que no podía proteger sus fronteras, ni siquiera impedir que él sobrevolara el centro de la Habana, como hizo en más de una ocasión. Las autoridades de Estados Unidos sabían lo que él y su grupo estaban haciendo, como era sabido por cualquiera que tuviera un aparato de televisión porque las provocaciones eran filmadas y reportadas en vivo por las estaciones locales de Miami de las cadenas nacionales de televisión.

En 1995 y principios de 1996 hicimos todo lo posible para persuadir a Washington de que impidiera esas provocaciones aéreas completamente ilícitas. Le estábamos pidiendo solamente a la administración norteamericana que respetara el derecho internacional y cumpliera sus propias leyes y regulaciones nacionales.

Una oleada bastante intensa de comunicaciones oficiales tuvo lugar entre las autoridades de ambos países a través de la cual la parte norteamericana reconoció explícitamente el carácter ilegal de los vuelos e inició, con la cooperación cubana, los procedimientos administrativos contra los transgresores. O eso fue lo que reiteraron en sus notas diplomáticas.

Además de por los canales abiertos, advertimos una y otra vez, a los más altos niveles, tanto a las autoridades civiles como militares de Estados Unidos.

Fidel Castro estuvo involucrado personalmente en esas tareas. Pasó muchas horas con más de un importante visitante de Estados Unidos, algunos de ellos con un evidente aval de la Casa Blanca. Y tuvimos éxito en lograr un compromiso muy específico por parte del Presidente Clinton de que esas provocaciones no volverían a suceder jamás. (Acusación À La Carte, www.antiterroristas.cu , Septiembre 7, 2009; Annals of Diplomacy, Backfire, The New Yorker, January 26, 1998).

Algo bastante extraño sucedió en el camino de Washington a Miami. Al parecer el Presidente Clinton dio instrucciones específicas para que este compromiso se cumpliera. Pero en esa peculiar ciudad (¿Recuerdan a Elián?) las órdenes del Comandante en Jefe de Estados Unidos no son siempre obedecidas. Tan pronto la mafia de Miami supo de las instrucciones del Presidente, los provocadores organizaron su última violación. Esa fue la verdadera conspiración, la única, que llevó a los trágicos hechos del 24 de febrero de 1996.

Increíblemente el Presidente Clinton reaccionó como si nunca hubiera sabido nada y corrió a firmar la Ley Helms-Burton en una deplorable ceremonia en la Casa Blanca, rodeado alegremente por algunos de los verdaderos culpables, los mismos individuos que lo desafiaron. Fue un año de elecciones presidenciales y Clinton ganó fácilmente en Miami.

Esa experiencia hubiera sido más que suficiente para que cualquiera se olvidara de la posibilidad de tener conversaciones serias y alcanzar compromisos con socios tan frívolos, algo así como una misión imposible.

Pero nosotros lo intentamos de nuevo. No teníamos otra opción.

¿Quienes son?

René González Fernando González Antonio Guerrero Ramón Labañino Gerardo Hernández

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