Notas de un diario de viaje: Primer día de La Colmenita en EEUU

*Llanisca Lugo

Por segunda vez en su historia, la Compañía infantil de teatro La Colmenita llega a Estados Unidos. La primera vez, en 2003, California los recibió con movilizaciones contra la guerra en Iraq. Esta vez, llegan a Washington mientras el creciente movimiento de indignados   protesta contra el sistema económico y financiero que mantiene bajo la línea de pobreza a una gran parte del pueblo norteamericano.

Washington, New York y San Francisco son puertos para este viaje que pretende poner en diálogo ambas culturas y compartir el arte  juguetón y alegre con el que contagian los niños y niñas de la Compañía.

Curiosidades, asombros, sorpresas vienen a los labios una y otra vez. Tantos años de distanciamiento, prohibiciones, bloqueo, hacen que EEUU resulte un país  desconocido, a pesar de que muchos cubanos y cubanas tienen algún ser querido viviendo por estas calles.

La Fundación Brownstone ha unido esfuerzos  en el deseo común de regar la miel de la Colmenita en suelo norteamericano y junto al Comité Internacional por la Libertad de los Cinco ha hecho posible este viaje junto a otros queridos  amigos. Coordinaron una tranquila y cálida llegada a Miami y han organizado la gira de manera que podamos encontrarnos con niños en sus escuelas, con públicos en los teatros y con otros espacios de interés.

La Colmenita trae algunas propuestas  a esta visita. La primera de ellas, La cucarachita Martina, un clásico de la Compañía, protagonizada por niños muy pequeños despertará la ternura del público que disfrutará de las canciones de la puesta, recordando sus propias historias personales con este cuento casi universal.

La segunda, es el grupo musical que pasea con gozo y sencillez por un repertorio amplio y diverso, haciendo paradas en la obra de artistas imprescindibles en la cultura nacional.

La tercera propuesta es su última producción, Abracadabra, una obra que intenta provocar reflexiones sobre alternativas posibles para una educación más crítica, dirigida a las esencias, a partir de un tema muy presente en la vida de los niños y niñas  cubanos, el encarcelamiento  en EEUU hace trece años de cinco cubanos, uno de ellos en libertad supervisada, por evitar la consumación de actos terroristas contra el pueblo cubano.

En este primer día de gira,  los niños han disfrutado los muchos  colores  de los árboles debido al otoño,  la alegría de las ardillas que retozan entre la raíz y las ramas de árboles de un parque común, los animales inmensos del Museo de historia natural, y también han apreciado las poderosas  imágenes del  imperio,  grandes edificios sobre los que se asienta el poder construido en toda una historia de dominación y saqueo de otras culturas y pueblos.

Los cubanos trajimos un poco de la lluvia que cae en la isla por estos días para extrañarla menos. El agua no detuvo la curiosidad infinita de niñas y niños que caminaban por las calles de Washington cantando El cuarto de Tula y otras canciones imborrables de la historia de la cultura cubana.

La mañana fue dedicada a pasear por algunos sitios de interés que despertaron la admiración de todos y todas. El memorial a Lincoln evocó muchas preguntas sobre los presidentes de EEUU, la esclavitud, la guerra, y el rol del presidente Obama en esta época.

Tatuado en la pared, el último discurso de Lincoln recuerda el proyecto de liberación y unidad, y explica las causas de la guerra lamentada. Los niños no pueden evitar comentar la distancia con lo que ha sucedido después.

Sin agua está la zona entre el Monumento a Washington y el Memorial a Lincoln. Hoy no hay tantas personas rondando el sitio como aquel día en que Luther King dijo tener un sueño. Aquel día al ver  el poco espacio para los muchos presentes, alguna gente allí reunida  prefirió escuchar dentro del agua a su líder.

Todo lo  quieren saber los niños de La Colmenita. Detrás de cada una de estas  historias encuentran razones que ayudan a entender la propia.
Pero tres de los niños no estuvieron.  Acompañaron a Tin a importantes conversatorios con las  congresistas norteamericanas por California, Laura Richardson y Bárbara Lee. La primera de ellas, estaba tan encantada con la visita que se hizo acompañar de ellos en el Congreso en el momento en que dio su voto a favor de políticas protectoras del medio ambiente.

Los niños asociaron de inmediato la pantalla, las butacas y el tono sobrio del espacio a las imágenes televisivas que habían visto en Cuba tantas veces. No sabían que más tarde encontrarían para su sorpresa un rostro tristemente célebre en las relaciones de  Cuba con Estados Unidos, presente en los medios cubanos en momentos de malas noticias para el pueblo. Al lado de los niños, porque el mundo es un pañuelo,  Ileana Ross se fotografiaba, reía y hablaba en voz muy alta. Cuando ya salía, vio a los niños vestidos con pullovers blancos pintados de abejitas tocando música. De inmediato se cortó su risa y su buen humor.

Sin embargo,  la emoción más grande del día de estos tres niños, Alá, Andy y Federico, estaba por llegar cuando entró una llamada de Gerardo, quien tuvo que hablar mucho para no dejar demasiado espacio al llanto de todos los que estaban allí que no sabían qué decir ante sus preguntas alegres, su nivel de información, su preocupación y curiosidad por cada detalle de la gira. Gerardo estaba al tanto de Abracadabra, de Habanastation, de los últimos pasos de la Compañía. Conversaba con los niños como si estuviera sentado junto a ellos.

Los niños, entre emociones y alegrías lograron transmitirle lo más importante en la voz de Federico cuando le dijo a Gerardo que lo quería mucho.
Luego de todas estas emociones,  con la mochila repleta de experiencias de solo un día, La Colmenita llegó a la Sección de intereses de Cuba en Washington para cantar canciones de los Van Van, Adalberto Álvarez, la trova tradicional cubana. Poco a poco las pailas, el güiro, el baile de los pequeños fue levantando de los asientos a todos los presentes que terminaron disfrutando de la mejor música cubana interpretada con mucha frescura y autenticidad por los niños.

Al final del salón, al alcance de  unas pocas cámaras indiscretas, una gran rueda de casino unía a los cubanos recién llegados  y los que trabajan en la misión, en un baile sabroso que recordaba la maravilla de ser de la isla, las múltiples raíces e influencias que tenemos en común, lo fácil que será siempre abrazarnos cuando nos encontremos en cualquier lugar del mundo. Los niños cubanos de la Misión  despidieron a los colmeneros con un hasta mañana lleno de bullas y alboroto.

*Llanisca Lugo, guionista de obras de La Colmenita, entre ellaAbracadabra, miembro del Memorial Martin Luther King de La Habana.

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