Palabras de Mirta Rodríguez (madre de Antonio Guerrero Rodríguez)
Asamblea Nacional de Venezuela
Caracas, 11 de noviembre de 2009
Buenas tardes, permiso a la compañera Presidenta y a todos ustedes Parlamentarios: Realmente, quisiera expresarles, en primer lugar, que para mí es un honor y un privilegio estar aquí con ustedes, compartir esta tarde nuestras luchas y, también, con todo respeto, decirles que me perdonen si mi forma de hablar es un poco más llamada a una madre agradecida, porque de lo contrario me sentiría fuera de mí y además con más nervios de los que tengo.
Sinceramente, nunca soñé con estar aquí y tener la posibilidad de agradecer a este Parlamento la ayuda que hizo en los momentos más precisos en la causa de nuestros hijos, con su moción para defender sus derechos frente a la injusticia, y que, realmente, es mi interés personal el que ustedes conozcan una gran parte o una pequeña parte de la presencia mía en el juicio de la vil sentencia de mi hijo.
Como todos saben, tres de nuestros hijos fueron llamados para resentenciarlos y para nosotros fue, si se quiere, una alegría, porque se había hecho una pequeña justicia; sin embargo, desde el momento que se nos dio, el 4 de junio, una noticia de que solamente iban tres a resentencia, no fue la felicidad sino nada más que una cosa muy fugaz, pero así es la ley norteamericana y esta obsesión de injusticia, de empecinamiento, de odio, de venganza, que realmente nuestros hijos representan la patria y ellos lo ven desde ese punto de vista y no acaban de ver la verdad, el estado de necesidad de nuestro pueblo de que estos jóvenes fueran allá a luchar con todos esos grupos terroristas que siguen deambulando, que siguen accionando hacia nuestro país, que ha sido una víctima en 50 años de esa gran lucha de terrorismo.
Definitivamente, había que enfrentar aquello, como siempre hemos enfrentado todos los caminos que se han avecinado y le toca a mi hijo ir a ser sentenciado el 13 de octubre, él tenía una condena de cadena perpetua más 10 años; durante el 2001 cuando se dictó esa sentencia, para mí fue algo muy difícil entender que mi hijo, conociéndolo como lo conozco, tendría que pasar todo el resto de su vida en una prisión injustamente. Por lo tanto, al comenzar la lucha de los pueblos, internacional y sobre todo mi pueblo, que es el motor impulsor de esta gran lucha internacional, para mí fue un rayo de esperanza que el tiempo tenía que vencer esa injusticia y de alguna manera tenía que llegar algo.
No estoy satisfecha con lo que ha pasado, porque realmente todavía no se ha hecho justicia; pero si lo miramos desde el punto de vista de que hemos dado un paso de avance, en realidad se llevó a una sentencia de 21 años y 10 meses, no les voy a contar el profundo debate que hubo entre la jueza y la Fiscalía con esta sentencia y con esta situación, yo lo que más quisiera contarles a ustedes es como me sentí en aquella sala de sentencia. Bueno, ante todo me porté muy bien, no así como ustedes, porque como a ustedes los considero amigos, hermanos de lucha, (Aplausos), y sé que me van a perdonar cualquier flaqueza que pueda tener, que no es más que un sentimiento de madre, siempre llevo conmigo una expresión que me hizo mi hijo una vez y que me dice mamá: “Me da miedo que vaya a hablar con un público numeroso de amigos y tantos y tantos en 11 años de batalla que hemos tenido, de compromisos, de compartir”. Y a veces me equivoco o quiero decir algo y no lo digo, a veces lo digo mal, lo digo bien, no sé. Y me dijo: “Mira mamá, no te preocupes por nada de eso, todo el que te está oyendo, yo tengo la completa seguridad de que cualquier error que tú cometas te lo van a perdonar, porque a las madres todo se les perdona.” (Aplausos).
Confiando en eso y viéndolos a todos ustedes acá, hoy vamos a tratar de contarles algo: ¿Qué me motivó a mí a sentirme fuerte, a sentirme digna como mi hijo?
Era una sala chica, no cabían más de 60 personas, quizás 80, y nosotros teníamos un grupo de amigos que habían venido de muchos estados de los Estados Unidos y de otros países a presenciar ese juicio de sentencia, de manera que cada uno de ellos me daba a mí ese aliento de no sentirme sola, y que realmente nunca he estado sola y también a mi hijo le sirvió de mucho aliento porque cuando él entra a la sala viene de frente hacia donde estamos sentados todos nosotros y aunque a él no lo dejan saludar, no lo dejan mirar, no lo dejan nada, de cualquier manera tenía obligatoriamente que vernos de frente y él sabía que aquellos amigos no los conocía, pero sabía que al estar detrás de mí y al lado mío, eran sus amigos de lucha.
Eso fue muy interesante y fue muy fuerte para mí, también el que nuestros amigos estuvieran allí. Fue algo muy importante la confrontación entre la jueza y la fiscal con relación a esta resentencia y a esta solicitud de llevar una sentencia de cadena perpetua, ya que ésta en el 2001 había pedido 10 años más y la jueza los había concedido, y presentarse ahora ella con que quería sólo 20 años.
Entre ellas mismas empezó el gran debate, debate que esta fiscal, sus palabras, que son las que hoy quiero compartir de verdad con ustedes, porque quizás ustedes fueron junto con todos los demás amigos solidarios quienes llevaron a esta causa a 21 años con 10 meses. El poder de la solidaridad, dijo esa Fiscal, la había llevado a considerar esta sentencia. (Aplausos)
Repito que no es la justicia que todos –sé que ustedes comparten conmigo– merecemos, pero al menos se ha visto que se dio un camino, se dio un salto. Es decir, que yo quería precisamente compartir con ustedes el valor que tiene para esta causa nuestra el apoyo y la solidaridad.
Yo sé que la solidaridad ha crecido mucho y que ese crecimiento también se ha podido alcanzar en los Parlamentos y muchos Presidentes están también tratando nuestra situación a niveles bastante superiores; muchos amigos, que los vimos ahora en la ONU cuando tuvimos la votación para los derechos que tuvimos al luchar contra el bloqueo, que se acabara de quitar el bloqueo a Cuba, que ahí también estuvieron presentes los 5 y estos amigos que levantaron su voto para luchar contra el bloqueo a Cuba. Ellos también –la mayoría de ellos– están a favor de que nuestros hijos regresen a casa.
La lucha continúa. Ahora, el día 8 de diciembre, van a ser sentenciados dos de los hijos también, Ramón Labañino y Fernando González. Ellos van también el mismo día a ser sentenciados y soñamos con que también se pueda analizar un poquito la sentencia de ellos.
Ramón tiene una cadena perpetua más 18 años, Fernando tiene 19 años de sentencia cuando no debía haber cumplido ni uno. Pero bueno, les quería decir que el día 8 de diciembre, aunque ustedes estén aquí en Venezuela, tengan la seguridad que mis compañeras que van a estar ahí presentes como estuve yo con lo de mi hijo, hoy van las madres y las esposas de Ramón y de Fernando a recibir la nueva sentencia de estos dos hijos nuestros. Y lo que sí les puedo decir es que para nosotros, para mi pueblo, para esta lucha, para nuestros hijos, lo que ustedes representan es algo más que una esperanza, es un amor infinito, una causa justa, es una esperanza de vida de aquellos que estaban con una sentencia tan difícil.
Pero ustedes saben que nos queda un hijo que lamentablemente ha sido el más castigado, que es Gerardo Hernández, el cual tiene dos cadenas perpetuas, cual de las dos más injustas, digamos que tiene dos cargos, el II y el III. El cargo II es el cargo por el que mi hijo fue resentenciado y rebajada su sentencia, podía él tener derecho también a ir, va a ir ahora Ramón que tiene ese cargo.
Y el cargo III es el más cruel y definitivamente el más injusto. Quizás Alarcón después pueda aclarar un poquito más de esto, no quiero profundizar, pero bueno.
¿Qué les propongo? La lucha de Gerardo es una lucha para nosotros que no va a tener descanso, no va a tener vida, y ahí es donde yo les quiero pedir a ustedes que no dejen de ayudar, que sabemos que acá hay mucho trabajo, hay muchas presiones, qué no vamos a saber nosotros en Cuba de presiones, de trabajo y de luchas en 50 años de revolución, con un bloqueo enorme que todavía en la tercera generación están sufriendo carencias y ahí está, porque el espíritu de la patria, de la defensa, de poder sentirnos libres totalmente, de tener voz y voto, de tener todo lo que hoy tenemos, millones de amigos, a pesar de tener nuestro enemigo ahí que siempre está batallando y queriendo presionar a los demás para que no sean amigos.
Y sin embargo la nobleza de mi pueblo, la inteligencia de la dirección de nuestro pueblo, de nuestro Comandante Fidel, la entereza y la valentía de que no nos pueden quitar en ningún espacio ni en ninguna lucha, nos hace ser siempre fuertes y lograr que todos entiendan que cuando una madre se para a pedir justicia para su hijo, es porque la merece, y cada uno de nuestros hijos también. (Aplausos de pie).
Yo quiero terminar diciéndoles que cada uno de nuestros hijos es merecedor de un respeto infinito por su valor, por su patriotismo, por el honor con que han estado sufriendo enormemente, sobre todo los que han estado en prisiones de máxima seguridad como mi hijo. ¿Y qué le pediría yo a ustedes? Que por muy poco que cada uno de ustedes haga, por mucho que cada uno de ustedes haga, siéntanse felices y honrados de haber participado en esta causa, y que el día que conozcan a nuestros hijos, y así será por ley de vida, no se van a arrepentir de lo que han hecho.
Agradezco muchísimo, infinitamente, que la vida me haya dado este honor de estar aquí con ustedes. Les deseo muchas cosas buenas, sobre todo que sean fuertes en la lucha que se les avecina o que ya tienen. Defender una patria no es nada fácil; nuestros hijos saben de eso muchísimo, son hijos de la revolución. El mayor que es René –apenas tiene 53 años–, mi hijo tiene 51 años, los otros tienen 40 y tantos años; es decir, que son producto de la revolución.
Y eso es una muestra de que una revolución cuando es honesta, cuando es buena, cuando tiene una firmeza, los valores patrios están ahí. Y en esas prisiones está la patria y hay que defenderla.
Muchísimas gracias. (Aplausos).